Andan las tres patas de “l'afició” y “penyes” culés (la pata rural, la “indepe” y la migrante) como encrispadas. No les basta con arrasar a todos y todas en el césped gracias a las misteriosas “palanques” que permiten al club de sus amores armar un equipo de constelaciones y gracias también al retorcimiento de la ley para inscribir a un “crack” en el mercado invernal además del mirar para otro lado de las instituciones del fútbol. ¿Se acuerda alguien del caso Negreira?
Pero vamos al meollo ¿Por qué la crispación en éste “triomfant més que un club”? La razón es el premio llamado Balón de Oro, antes Bota de Oro. Para merecerlo no sólo hay que jugar bien al fútbol sino saber ganar y ser respetuoso con los rivales. Cierto es que el club que nos visitó el sábado tiene, y ha tenido en las dos últimas décadas, auténticos magos del balón. Y alguno un poco sobradito de ego, que no de estatura, ha ganado el codiciado premio repetidas veces. Da la impresión que éste año de 2026 las nominaciones a Balón de Oro van por un camino diferente al de Las Ramblas (palabra que proviene del término árabe “ramla”). De ahí el disgusto de las diferentes patas de “l'afició”. Sólo la posibilidad de no lucir semejante entorchado, ya les anula la mente y pierden el “seny.
La incontestable derrota del SFC el sábado y sólo por 1-3 gracias a la actuación de nuestro portero Odysseas, demuestra que algo ocurre mientras todos cierran los ojos. Si a estas alturas del Campeonato recién iniciado nadie se pregunta por qué el equipo visitante al RSP en la 7a jornada (¿Era la 7a, o la mitad de la 6a? Ya es que me pierdo) atesora ya en su casillero un “score” favorable en 24 goles, es que todos, absolutamente todos nos merecemos ser meros comparsas. Si nadie ve que los puestos para Liga de Campeones ya están ocupados por los mangantes y mangoneantes de siempre, salvo la excepción que confirma la regla, y que nada los va a apear de ahí, pues me reafirmo en lo escrito.
Pero es que además debemos aguantar los fieles que acudimos al RSP las insolencias provocadoras de los jugadores contrarios. No es la 1a vez ni será la última. El autor del segundo gol visitante tras marcar hizo una sentadilla a modo de defecación dirigiéndose a la grada baja de Gol Norte. Un mozalbete que si no se reconduce va a terminar su estrellato futbolero más pronto que tarde, por estrellar un balón en el poste tras una gran jugada, ya se frustró, la tomó con la hinchada local y ya no dio pié con bola en todo el partido.
Un chico de una localidad serrano-minera de una provincia cercana, internacional, gran jugador sin duda, tuvo un comportamiento similar hace unas dos o tres temporadas. Es una conducta muy habitual en los jugadores de los tres mangantes y mangoneantes de siempre. Podría hacer una relación, pero no deseo ser pesado.
Para aspirar o ser nominado a Balón de Oro hay que tener madurez profesional y saber estar aún sabiéndose superior, tampoco puede uno dejarse llevar por el odio inculcado desde otros clubs que sobreviven inexplicablemente en los sótanos del escalafón de categorías nacional o desde las instituciones locales y provinciales limítrofes.
La afición sevillista ya sabía de la derrota frente a los “culés” desde que terminó el partido de Riazor, de ahí que muchos hicieran cesión de abono, dando pié con éste acto a que muchos de los asistentes al RSP formaran parte de esa masa de seguidores rurales y migrantes, incluso de nuestra propia provincia, que babea con las estrellas “blaugranas”. No es que la afición sevillista esté satisfecha con los trece puntos atesorados y con el escuálido “score” de un gol a favor, pero tal como se dió el inicio de las cuatro temporadas anteriores de momento nos sentimos tranquilos. Como he escrito en otras ocasiones: que las tres patas de “l'afició”, la rural, la migrante y la “indepe”, se coman con su pan sus éxitos, pero miren cómo lo consiguen.
José Ramón Yúfera Ginés.



